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Los campeones del fútbol bogotano

Fecha
Diciembre, 13 2017
Imagen Noticia
Los campeones del fútbol bogotano
Nada en el deporte convoca en la ciudad como el gol, ese elemento extraño que posee un carácter mítico que no tiene el “tanto” en ningún otro juego. Conoce aquí, la historia del fútbol bogotano y cómo nacieron sus principales equipos: Millonarios y Santafe

Se dice que el fútbol llegó a Colombia en los primeros años del siglo XX. Que entró por Barranquilla y que en esta ciudad se conocieron los primeros balones y se fue descubriendo que era divertido practicar el juego que causaba furor en Inglaterra y en otras partes de Europa.

Se cree que el primer partido de fútbol en Colombia fue entre los ejecutivos y empleados de la Colombian Rail Company, el 6 de agosto de 1904.

En la década del 20 comenzó volverse popular, no sólo en Colombia, sino en el mundo. Un poco porque empezó a ser un deporte olímpico; otro poco porque ya la prensa traía boletines extensos con las hazañas de las selecciones y clubes en el mundo.  Para 1930 se organiza el primer mundial en Uruguay y en Colombia ya existen grupos de amigos en colegios y universidades que se organizan para jugar torneos. Nace lo que sería la base de los clubes actuales. El deporte sigue creciendo en popularidad con los años y en 1948 uno de esos campeonatos informales se organiza a nivel nacional y termina siendo el primer campeonato de fútbol profesional en Colombia.

El primer campeón fue Santa Fe en 1948, bajo la dirección de José Castillo. Al año siguiente se volvió a jugar el campeonato y se consolidó definitivamente el fútbol profesional colombiano. Santa Fe nació en los campos del Gimnasio Moderno, cuando un grupo de estudiantes bachilleres deseaban mantener los lazos de amistad que los había unido por años. Y la mejor manera de hacerlo era través de fútbol. El equipo de ex alumnos, que usaba uniforme blanco con franja azul, comenzó a abrirse camino enfrentando equipos de colegios bogotanos, uno de ellos denominado el Atlético Chapinero, conformado por ex alumnos del Liceo de la Salle y de la Escuela Ramírez. Las derrotas eran continuas, por lo que el conjunto debió reforzar sus huestes para dar cabida a jugadores con mejores cualidades deportivas, procedentes de otros colegios. Allí se cambiaron al rojo cardenal.

El segundo campeón fue Millonarios dirigido por Carlos Aldabe. El “culpable” del nombre de Los Millonarios fue el cronista deportivo Luis Camacho Montoya, quien en octubre de 1939 escribió un artículo titulado  "Los Municipales son ahora Millonarios",  haciendo un gracejo con el hecho de que el equipo Municipal mantuviera una costosa nómina sin ayuda oficial. De ahí en adelante así se le conoció y el nombre fue ratificado cuando Alfonso Senior lo fundó oficialmente, en 1945.

El primer hecho que marcaría la historia del fútbol en Colombia ocurrió en el año 1950: en Argentina, los jugadores se encontraban en huelga y empezaron a emigrar a otros países de América para jugar. A Colombia llegaron los mejores del mundo de ese entonces. A esos años se les puso el nombre de El Dorado, con justa razón... Por ahí, se vieron desfilando con su magia hombres como Alfredo Di Stéfano, Néstor Raúl Rossi, Julio Cozzi, Adolfo Pedernera,  Perucca, Pontoni, Neil Frnaklin…

Para los colombianos, y especialmente para las bogotanas y bogotanos, el fútbol ha sido más que una distracción. Los equipos locales, Millonarios y Santa Fe, han sido símbolos convivencia. Quienes fundaron estos clubes escogieron como distintivos el rojo y el azul, que más que partidos políticos –liberal o conservador-  referencian dos advocaciones profundamente interiorizadas entre los colombianos: el Sagrado Corazón de Jesús y la Inmaculada Concepción.

Los años cincuenta serán por siempre un hito en la historia de todas las bogotanas y bogotanos que los vivieron.

Camus, en una de sus frases más recordadas decía que  "el sitio donde un hombre puede alcanzar la felicidad máxima es un estadio". 

Nada en el deporte convoca en la ciudad como el gol, ese elemento extraño que posee un carácter mítico que no tiene el “tanto” en ningún otro juego. Es un descomunal generador de tensión cuando hay pocos o el partido está igualado, y el hecho de ver muchos en el mismo partido convierte automáticamente a éste en un evento prácticamente inolvidable. Es su escasez lo que los hace tan preciosos, sin contar el hecho de que pocas cosas hay tan realizadas como ser testigo directo de un gran gol, o que este se consiga en un partido importante. 

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